Dominic y Miguel continuaron caminando silenciosamente por los pasillos de la mansión, manteniéndose ambos alertas a todo aquello que pudiera suceder, manteniéndose también discretos por no ser escuchados por nadie, puesto que ya luego Miguel se encargaría de informarle a sus hombres acerca de lo que tuvo que hacer él para defender a Dominic del mal que le estaba persiguiendo.
Escapar se había convertido ahora en una urgencia.
El corazón de Dominic latía con fuerza, y, por un momento, el tie