Miguel observó a Dominic con una mezcla de curiosidad y sintiéndose preocupado por la situación. Había tensión en el aire que era demasiado palpable de percibir a simple vista, y el susurro del viento entre los árboles parecía estar escuchando con atención todo aquello que sucedía en la conversación. Finalmente, Miguel decidió romper el silencio.
— De acuerdo, así será, pero antes de hacer promesas, dime qué es lo que necesitas. Por qué no podemos darnos el lujo de tener más contratiempos, el