Dominic entró en la habitación con sigilo, pero sintiendo una gran emoción dominar su corazón por haber visto a la mujer de su vida allí, resguardada y conociendo que ahora, ya no había peligro alguno para ellos del cual esconderse.
— ¡Dominic! ¡Gracias al cielo que estás de vuelta! — exclamó Ana, con entusiasmo y corriendo hacia él para abrazarlo con felicidad.
Dominic sonrió y abrazó a Ana fuertemente entre sus brazos, sintiéndose completamente feliz y dichoso porque la vida le ha permitido