53. Entre dos hermanos
Faris sintió cómo su cuerpo reaccionaba por instinto. Sin pensarlo dos veces, se deslizó hacia un rincón oscuro del pasillo, ocultándose en las sombras que las antorchas no alcanzaban a disipar.
Alexander estaba cerca.
Se mantuvo inmóvil, controlando hasta su respiración mientras observaba a su hermano avanzar con el porte impecable de un monarca en potencia. Su presencia imponía respeto y temor en igual medida. No era el momento de enfrentarlo.
No si se trataba de Celeste.
Faris cerró los ojos