75. A las Puertas del Caos
No amaba a la joven fallecida, pero sabía que su muerte cambiaría todo. La tristeza del rey podría transformarse en furia, y la furia de un monarca podía derribar reinos enteros.
Mientras los preparativos para el entierro de la concubina joven del reino de Salim continuaban en un ambiente de duelo y silencio, lejos de allí, en las tierras áridas del desierto, la vida de Celeste pendía de un hilo.
La herida que una vez había comenzado a sanar se había abierto nuevamente, dejando un rastro de san