74. La Promesa del Invierno
Salim lo miró con una furia incontenible, pero Amir no vaciló.
—Honraremos su sacrificio, pero ahora debemos vivir para vengarla.
Esas palabras fueron suficientes para hacer reaccionar al monarca. Apretó los puños y se puso de pie, su mirada endureciéndose con la furia de un hombre que no olvidaría esta traición.
La retirada comenzó, pero una cosa era segura, el enemigo no quedaría impune. Y la venganza de Salim sería un huracán de sangre y fuego.
Los hombres del rey Salim comenzaron a cruzar l