42. Furia y Deseo
Su corazón estaba cegado por la ira. Por los celos. Por el dolor insoportable que lo carcomía desde hacía años.
—¿Suplicas ahora? —Kael dejó escapar una risa amarga mientras la tomaba del mentón, obligándola a mirarlo —¿Dónde quedó tu orgullo, Sonya?
Ella intentó apartar su rostro, pero sus dedos se clavaron en su piel con una fuerza que la hizo estremecerse.
—Kael… te lo ruego.
El peso de esas palabras le quemó la lengua, pero por su hija haría cualquier cosa.
Sin embargo, él solo vio en sus s