30. La Ejecución
Nizarah alzó una ceja, dando un paso dentro de la habitación sin esperar invitación.
—¿No tengo derecho? —repitió, con una sonrisa amarga —¿Y tú tienes derecho a odiarme por algo que nunca fue mi culpa?
Él sintió que le faltaba el aire.
Nizarah lo miró con una intensidad que lo quemaba vivo.
—Mírame a los ojos y dime que no me necesitas tanto como yo a ti —susurró.
El silencio entre ambos fue una sentencia. Porque, aunque quería, aunque debía… no pudo.
Kael cruzó los brazos, apoyado contra la p