Chloe Donovan
La mansión Blackwood todavía olía ligeramente a las tostadas carbonizadas de Dominic, pero el ambiente ya no era de desastre, sino de una calidez vibrante. Spencer y Casey habían llegado hace una hora con la pequeña Izzi, quien ahora gateaba a toda velocidad por la alfombra del salón persiguiendo a Gárgola. El perro, por su parte, parecía haber encontrado a su alma gemela en la bebé; ambos eran igual de caóticos y ruidosos.
—Dominic, en serio, el detector de humo de la entrada pri