Dominic Blackwood
El silencio de mi ático es una condena. Me acosté con el sabor amargo de su desprecio aún quemándome la garganta, pero el cansancio no trajo paz, solo una distorsión de la realidad donde mis instintos tomaron el control.
En el sueño, no hay deudas. No hay orgullo Donovan ni apellidos Blackwood. Solo hay piel.
La veo en el centro de mi habitación, pero no lleva ese vestido negro de la fiesta. Lleva una de mis camisas blancas, entreabierta, dejando ver la curva de sus pechos y l