Dominic Blackwood
El silencio que siguió a la partida de Chloe fue más ruidoso que sus gritos. Me quedé de pie frente al ventanal, con la mandíbula tan apretada que sentía el pulso en las sienes. El plástico blanco de la prueba de embarazo brillaba sobre la cama como un reproche. Me sentía traicionado. No por el hecho de la vida en sí, sino por la muralla que ella había levantado de nuevo. Después de todo lo que le conté, después de abrirle las puertas de mi infierno personal, ella me había ocu