Chloe Donovan
El aire en mi habitación se volvió irrespirable en cuestión de segundos. Casey estaba sentada en el borde de mi cama, con los ojos anegados en lágrimas y el cuerpo temblando como una hoja. La prueba de embarazo, con esas dos líneas rojas que gritaban una verdad demoledora, pesaba en mi mano como si estuviera hecha de plomo.
Había pasado exactamente un mes desde que Dominic y yo pactamos esperar. Un mes desde que decidimos que este caos no era lugar para un niño. Y ahora, mi herman