Dominic Blackwood
Desperté con la sensación de un triunfo que todavía me hormigueaba en la piel. Por primera vez en meses, mi mente no estaba trazando rutas de contrabando ni calculando intereses de préstamos. Mi primer instinto, incluso antes de abrir los ojos, fue estirar el brazo hacia el lado derecho de la cama para encontrar el calor de Ross. Para sentir esa piel que anoche había marcado con mis dientes y mis manos hasta que ambos perdimos el sentido de la realidad.
Mis dedos solo rozaron