Dominic Blackwood
El olor a antiséptico y el pitido rítmico de las máquinas eran lo único que llenaba el silencio de la suite privada del hospital. Habían pasado casi treinta y seis horas desde que saqué a Chloe de aquella fundición infernal. Habíamos tomado la decisión de mantener lo ocurrido en absoluto secreto para el resto de la familia. Casey estaba en una etapa delicada de su embarazo y cualquier impresión fuerte podría ser desastrosa; y Mia... mi pequeña Mia apenas estaba recuperando su