Me detuve con el puño en alto, listo para el golpe final que le hundiría el cráneo contra el cemento. Respiraba con dificultad, el sudor y la sangre de Dylan manchaban mis manos. Miré a mi hermano Spencer. Él me miraba con una tristeza infinita, con el arma bajada a medias, esperando ver si su hermano mayor finalmente cruzaría la línea de la que no hay retorno.
Miré a Chloe. A pesar de su mano clavada, a pesar del arma en su sien, sus ojos buscaban al hombre, no a la Gárgola.
—No —susurré.
Abrí