La mañana siguiente llegó con una fría calma. Nueva York despertaba bajo un cielo gris, opacado por las nubes bajas que no parecían querer ceder. Samantha se levantó temprano, como siempre, pero esa mañana tenía la sensación de que algo había cambiado en su vida. Una pesada carga la acompañaba, un conocimiento que no podía ignorar, y un futuro incierto que la llamaba, pero la aterraba al mismo tiempo.
Se encontraba frente al espejo del baño, intentando encontrar alguna manera de organizar sus p