La oficina de Alexander Vaughn era un lugar donde el tiempo parecía detenerse. La luz que entraba por los ventanales era dorada, y la atmósfera estaba impregnada de una calma fría, pero sobrecogedora. Samantha sentía el peso de la última conversación sobre sus hombros. Sus palabras seguían resonando en su mente: "Vaughn Enterprises no es sólo una empresa, es el corazón de todo un sistema". Esas palabras se le clavaban como dagas, como una advertencia de que lo que estaba a punto de hacer no sol