El día siguiente fue como una sombra que se estiraba, cargada de un peso que Samantha no sabía cómo manejar. La noche había pasado en blanco, con su mente llena de preguntas, de incertidumbres, de esa mirada penetrante de Alexander que aún persistía en su memoria. Cada uno de sus movimientos, cada palabra que él había pronunciado, había dejado una marca indeleble en ella. ¿Qué estaba pasando entre ellos? ¿Realmente era solo trabajo? La pregunta no dejaba de rondar su cabeza, y sin embargo, sabí