NARRADOR OMNISCIENTE
La ciudad de Los Ángeles despertaba cada día bajo una niebla espesa, pero para Isabel Valente todas las mañanas eran iguales: frías, sin luz… sin él.
Llevaba dos semanas internada en la clínica de Evelyn y Teresa. El edificio, con su aroma a desinfectante y flores marchitas, parecía un refugio y una cárcel al mismo tiempo.
El embarazo seguía su curso, pero su cuerpo aún temblaba entre la vida y el colapso.
Los médicos decían que los bebés estaban fuertes, que su corazón r