Isabel Valente tuvo que aprender a vivir con el dolor y la ausencia de Jareth. Aunque su embarazo iba de maravilla la salud de ella empeoró. Cada día se sentía más débil, como si el cuerpo la estuviera traicionando, como si la vida que crecía dentro de ella drenara lentamente lo que quedaba de su fuerza.
La doctora García, tras revisar los últimos resultados, tomó la decisión que llevaba semanas evitando.
—Isabel, tu cuerpo no podrá resistir a el embarazo si no hacemos algo— le dijo con voz sua