―¿Cómo puedes decirme eso? ―Lo miró dolida. ―Kalen, se supone que llegaste a amarme, ¿Cómo puedes ahora tratarme como a una sucia amante? ―Kalen enarcó una ceja.
―Porque es lo que fuiste y sigues siendo. ―No le dio importancia. ―Sal de mi edificio, Mariam, no me obligues a comportarme como me gusta. ―La mujer lo miró atónita, ¿Cómo es que podía ser tan frío con ella después de esas tantas noches?
―Esa mujer te está volviendo un impresentable y ordinario. ―Escupió con lágrimas en los ojos. ―O