―¡Esto es genial! ―Izan se puso en pie y carcajeó. ―Me he ido de bruces. ―Se limpió el jean. ―¿A dónde vamos ahora? ―Los miró con ojos brillantes.
―Por Dios, amigo. ―Kalen susurró metido en la conversación. ―Es idéntico a ti. ―Contrajo el gesto.
―Y es por eso por lo que debo llevarlo. ―Lo miró. ―Necesito que me apoyes.
―¡Díganlo! ¿A dónde vamos? ―El niño se impacientó.
―Sigue caminando, será una sorpresa. ―Aiden le sonrió y eso bastó para qué Izan siguiera saltando y corriendo por la acera.