La lluvia no cesaba. Como si el cielo supiera que la ciudad necesitaba limpiar su piel de secretos, pecados y silencios guardados durante demasiado tiempo. Desde el ventanal de un apartamento temporal, Eirin observaba las gotas deslizarse por el vidrio. No podía dormir. No desde que había descubierto el nombre que sellaba el sobre que le fue dejado en el casillero y cuya notificación le llegó al móvil el día anterior.
"Dra. Nora Vélez".
Su antigua psicóloga. La mujer que durante años escuchó su