La luz que entraba por los ventanales parecía distinta esa mañana. Eirin se sentía como si caminara sobre una cuerda floja invisible, cada paso era más tenso que el anterior. Desde que comenzó a revisar los archivos que Ethan había recuperado de uno de los servidores ocultos de Eliseo, algo había cambiado en su interior. Una carpeta titulada simplemente “Sesiones” la había perseguido por días. El contenido parecía anodino al principio: registros de audio, algunos transcritos, todos etiquetados