Capítulo 62. Un verdadero milagro.
Al día siguiente...
Nicolás no se había movido de la clínica en toda la madrugada.
Ya eran las diez de la mañana y él seguía sentado en la misma silla de la sala de espera, con la ropa arrugada por el trajín, la barba incipiente y la mirada perdida.
Emma seguía descansando. De repente, el sonido de unos tacones firmes rompió el tenso silencio del pasillo.
Llegó su madre, Aurora, vestida de punta en blanco y con una postura inquebrantable, contrastando drásticamente con el aspecto devastado de s