Capítulo 61. Un escape tóxico.
Sandra se giró lentamente hacia su esposo. Tenía el rostro desfigurado por una mezcla tóxica de duda y rabia.
—¿Qué fue eso que dijo Aurora? —exigió saber, con la voz temblando de furia contenida, cruzándose de brazos con tanta fuerza que las uñas se le clavaron en la piel.
Gerardo, intentando recuperar la compostura, se aflojó el nudo de la corbata con manos temblorosas y evitó mirarla a los ojos.
—Nada, Sandra. Está ardida, nada más. Son patadas de ahogado de una mujer desesperada por protege