Capítulo 63. Caminos separados.
Nicolás cerró la puerta de la habitación con sumo cuidado, como si el más mínimo ruido pudiera quebrar la frágil paz que reinaba en el lugar.
Avanzó un par de pasos hacia la camilla, sintiendo que sus zapatos pesaban toneladas. Emma, que miraba fijamente al vacío, giró el rostro lentamente y lo miró de reojo.
Sus pupilas carecían por completo de aquel brillo belicoso; hoy solo reflejaban un agotamiento, una sombra del terror que habían vivido la noche anterior.
—Buenos días —murmuró él, detenié