Capítulo 23. La confesión.
Una tormenta estalló sobre la ciudad sin previo aviso.
El sonido de la lluvia golpeando con furia los ventanales de la mansión parecía ir al mismo ritmo que los latidos apresurados del corazón de Emma.
Seguía encerrada en el baño, sentada al borde de la fría bañera, con la mirada perdida.
Entre sus dedos temblorosos sostenía la pequeña prueba de embarazo con tanta fuerza que casi se le clavaba en la piel.
Dos líneas rojas. La confirmación de su mayor temor y, secretamente, de su anhelo más prof