50. Engaños.
Sarada no tuvo más opción que asentir. Se sentía defraudada, desolada. Tomó de la mano a su hijo y se alejó del hospital, con el corazón hecho trizas.
¿Qué iba a pasar ahora? ¿Qué harían si Khaled no recuperaba la memoria? ¿Le llenarían la cabeza con mentiras, con otras verdades que no le pertenecían? Su mente era un torbellino de pensamientos oscuros y temores. Solo rogaba en silencio que en algún rincón de su alma, él recordara quién era. Que recordara a su hijo.
Porque en ese momento, él par