Mundo ficciónIniciar sesiónSarada nunca pensó que volvería a cruzarse con Khaled Al-Sayed, el magnate detrás de un imperio automotriz y dueño de Zafirya, el hombre que le rompió el corazón. Durante casi cinco años, ha criado sola a su hijo, Zamir, sin imaginar que el destino la obligaría a buscar ayuda en la última persona a la que querría ver de nuevo. Cuando Khaled descubre la verdad, todo el compromiso junto a su prometida la cual no ama, comienza a tambalearse. Aunque está a punto de casarse con la mujer que todos consideran la pareja perfecta para él, hay algo en su interior que nunca ha logrado apagar. La chispa de lo que una vez sintió por Sarada más ahora al descubrir que existe una personita que los une de por vida. Su hijo el heredero, Zamir Voss.
Leer másAños después.Durante el último año, el país de Zafirya había experimentado un notable crecimiento gracias al liderazgo del jeque Khaled y al inquebrantable apoyo de su esposa, la primera dama Sarada Voss, una elegante y admirable alemana. Sarada no solo era vista como un ícono de estilo y nobleza, sino que también había conquistado el corazón del pueblo con su empatía, inteligencia y creatividad. Su tienda de ropa, donde fusionaba la elegancia europea con la riqueza cultural de Zafirya, se había convertido en un referente internacional. Juntos, su esposo, él y Sarada eran una pareja admirada y respetada, no solo como líderes, sino también como padres amorosos.Su hijo, Zamir, quien ya tenía seis años, era la luz de sus vidas. Contra todo pronóstico, el pequeño había logrado vencer la amenaza de la leucemia que lo había azotado desde temprana edad. Los nuevos tratamientos médicos que recibió, sumados a una operación de trasplante de células madre, fueron determinantes. A pesar de que
El salón del palacio estaba en completo silencio cuando el jeque, firme y decidido, alzó la voz ante todos los presentes.— Está tarde he llamado a todos, los miembros del parlamento. Para notificarles que he recuperado la memoria y sobre todo desmascarar a los culpables.En ese momento todos empezaron a murmurar. Amina abrió los ojos con fuerza y asustada, desde cuando Khaled ya había recuperado la memoria y ella no sabía.— Amina —Mencionó dirigiéndose a ella. —Fuiste tú quien provocó el atentado ¡Quisiste acabar con la vida de mi esposa y de mi hijo! Pero no lo vas a conseguir —declaró con furia contenida, mirandola directamente.Amina estaba en shock.El padre de ella incrédulo, dio un paso al frente. —¿Estás loco? ¿Estás seguro de lo que estás diciendo?—¡Eso es mentira! —Grito Amina tratando de defenderse.—Tú y Malik se confabularon hacerle daño a Sarada —continuó el jeque, sin pestañear— Y tu padre, provocaste que por año pensara que Sarada me era infiel con mi primo. Pero po
Khaled reaccionó con rapidez. Un leve hilo de sangre descendía por su frente, producto del golpe, pero estaba consciente. Sarada, al verlo herido, sintió que el mundo se le derrumbaba. El miedo le oprimió el pecho, y ella tomó el rostro entre sus manos y le dio un beso en la mejilla, con lágrimas en los ojos.—¿Estás bien? —preguntó, temblando. — Ricardo llama una ambulancia. El guardia asintió marcando el número de urgencias.En ese instante, como si un relámpago le atravesara la mente, miles de imágenes se agolparon en la memoria de Khaled: su boda sencilla con Sarada en la isla, la risa de su hijo, los momentos compartidos como familia. Y su pasado con ella, cuando la conocío por primera vez en el Aeropuerto. Se llevó una mano a la cabeza, jadeando, con la mirada nublada por la emoción.—Sarada… —murmuró, como si viera por primera vez a quien siempre había amado—. Eres tú… mi amor.—Khaled, estas bien. No me asustes así.Del coche un hombre bajó apresurado.—¡Discúlpeme, señor! ¡N
El taxi se detuvo justo frente a un gran predio cercado. Khaled bajó del vehículo con cierta incertidumbre y miró a su alrededor. Todo parecía familiar, pero a la vez desconocido. Caminó hacia el portón y tocó el timbre. Justo entonces, un guardia apareció del otro lado de la reja.—Jeque.—¿Es usted el que llamó? —preguntó Khaled con desconfianza.—Sí, jeque fui yo. Me atrevi a llamarlo, lo siento.—Esta bien, pero quie...—¡Papi! —se escuchó la voz de un niño desde el interior de la propiedad.El guardia sonrió y le abrió el portón.—Pase, esta es su casa de campo.Khaled entró despacio, aún desconcertado. Miró hacia todos lados mientras una oleada de emoción lo invadía sin saber por qué. Entonces, el pequeño corrió hacia él a toda velocidad. Khaled, sin pensarlo, abrió los brazos, y el niño se lanzó a abrazarlo con fuerza, plantándole un beso en cada mejilla.—¡Papi! Pensé que no ibas a venir. Te extrañamos. Mami ha estado llorando mucho estas dos semanas... y nos prohibieron ir al
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