10. Dolorosa verdad.
El peso de aquellas palabras la aplastó. Sintió las piernas débiles y apenas pudo sostenerse. Su pequeño, sin entender nada, le dio un besito en la mejilla y la miró con curiosidad.
La mujer cerró los ojos, sintiendo que una parte de su alma se rompía. Ahora, su vida nunca volvería a ser la misma, mas ahora con esa enfermedad que jamas imagino que su pequeño niño tendría.
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Sarada intentó mantener la compostura mientras conducía, pero por dentro su mundo se derrumbaba. Su hijo, su pequeño de