Esa tarde, Oliver y Paz montaron guardia cerca de la clínica del doctor. Oliver llevaba su tablet, listo para grabar cualquier infracción legal, mientras Paz se había puesto una chaqueta de cuero y su mirada de "no me busques problemas".
—Mira, ahí están —susurró Oliver, señalando a dos hombres con trajes oscuros y gafas de sol que entraban al edificio—. Parecen cobradores de deudas, no investigadores.
—Son aficionados, Ollie —respondió Paz, bajándose del coche—. Tú quédate aquí y prepara la de