Leo se separó de ella, pero mantuvo sus manos firmemente en su cintura. La miró a los ojos, y allí no estaba el CEO, sino el hombre vulnerable que ella había conocido en la intimidad.
"Mis hermanos me dieron un ultimátum. O termino esto ahora para proteger la compañía, o lo hago oficial para protegerte a ti de la vergüenza", confesó Leo, sin rodeos. "Y mi código... mi código ya no son las cifras, Valeria. Mi código eres tú. Y lo que tú necesitas, Leo respiró hondo, tomando la decisión más arriesgada de su vida.
"Ya rompimos el silencio. Lo hice yo, en la oficina, delante de mi hermano. No voy a volver atrás. No voy a dejar que pienses que me avergüenzo de la mujer más brillante que he conocido. Se acabó el secreto."
Valeria sintió que el aire le faltaba. "¿Qué está diciendo?"
"Estoy diciendo que quiero que todos lo sepan. Quiero que todos en esta ciudad, especialmente mis enemigos, vean quién es mi igual. No eres mi secretaria, no eres mi amante secreta. Eres la mujer que quiero a mi