Leo se separó de ella, pero mantuvo sus manos firmemente en su cintura. La miró a los ojos, y allí no estaba el CEO, sino el hombre vulnerable que ella había conocido en la intimidad.
"Mis hermanos me dieron un ultimátum. O termino esto ahora para proteger la compañía, o lo hago oficial para protegerte a ti de la vergüenza", confesó Leo, sin rodeos. "Y mi código... mi código ya no son las cifras, Valeria. Mi código eres tú. Y lo que tú necesitas, Leo respiró hondo, tomando la decisión más arries