En el jet hacia Mónaco, tras ser descubiertos en la bodega, el ambiente cambió. Ya no había bromas sobre leyes o planos. Oliver se sentó frente a Paz, suspirando mientras se frotaba las sienes.
—No estamos aquí para dar lecciones, Paz —dijo Oliver con voz tranquila—. Pero después de todo lo que pasamos con los protocolos de seguridad el año pasado, la idea de que crucen la frontera solas con los bebés nos ponía los pelos de punta. Solo queríamos estar cerca por si algo fallaba con la logística