La puerta de la mansión se abrió y aparecieron los dos hombres, cubiertos de hojas secas, con las barbas crecidas de dos días y los bebés riendo a carcajadas, felices por la aventura.
Mía y Paz los recibieron con una sonrisa impecable y una copa de vino en la mano. —¿Cómo fue el retiro, chicos? —preguntó Mía con ironía.
—Fue... iluminador —logró decir Julián, desplomándose en el sofá—. He decidido que la naturaleza está sobrevalorada. El diseño urbano existe por una razón: para alejarnos de los