La mañana en las oficinas de Selene Global había comenzado con una calma engañosa. El sol de Madrid se filtraba por los ventanales de cristal, bañando el escritorio de Valeria con una luz dorada que, por un momento, la hizo olvidar las sombras que siempre acechan al poder. Pero la paz, en el mundo de los Ferrer, era un lujo que rara vez duraba más que un café matutino.
El ataque no llegó con el estruendo de una caída en la bolsa ni con la agresividad de una OPA hostil. Llegó con el sonido sordo