En la mansión de los Ferrer Vidal, el silencio era aterrador. Ya no había sirvientes puliendo la plata ni llamadas de "amigas" organizando viajes a Marbella. La noticia de que los Ferrer estaban retirando su apoyo financiero había corrido como la pólvora en el club de campo, y la familia de Cecilia se había convertido en parias de la noche a la mañana.
Cecilia caminaba por el salón lleno de cajas de cartón. Su padre ya había firmado la venta de la propiedad para cubrir las deudas y evitar la cá