Eran las tres de la mañana cuando el hambre voraz de las futuras madres dictó sentencia. Mía exigía un Pad Thai con el nivel máximo de chili tailandés, mientras Paz soñaba con unos chiles en nogada bañados en salsa de habanero.
—Mi hija tiene sangre de artista, necesita intensidad —declaró Julián, mientras intentaba cocinar él mismo para demostrar que era "el hombre total". —Mi hijo necesita fuego en las venas para ganar juicios —replicó Oliver, retándolo con la mirada sobre un frasco de salsa