CAPÍTULO 40. Las verdades que más duelen, son las que no decimos.
Capítulo 40
Las verdades que más duelen, son las que no decimos.
El sol de la mañana caía oblicuo sobre el penthouse, pintando la sala de estar de un dorado difuso. Isabela, aún con el camisón de seda arrugado, bajó con cautela las escaleras que comunicaban el dormitorio principal con el vestíbulo. Sentía un vacío extraño, como si el aire se hubiera hecho espeso durante la noche.
Frente a la puerta principal, el chofer de confianza de Gabriel, colocaba un maletín de cuero negro en el asiento