CAPÍTULO 297. Daños colaterales.
Capítulo 297
Daños colaterales.
El día siguiente, la rutina dentro del penthouse había cambiado de forma irreversible. No porque hubiera más trabajo o porque la agenda se hubiera multiplicado: cambiaba la manera de mirarse entre ellos. Las conversaciones se movían en torno a huecos donde antes había certezas.
Isabela no quiso ver noticias. Se sentó junto a la ventana con una taza de té que se enfrió antes de que llegara a sus labios. Por el rabillo del ojo notaba el ajetreo: Silvio en la mesa con las pantallas, Valeria hablando en voz baja con Durán por videollamada, Gabriel entrando y saliendo con papeles en la mano. Todo eso le cayó encima como una lluvia fina: persistente y empapadora.
Su teléfono vibró. Eran mensajes en cadena. Mensajes formales: “Saludos cordiales”, “esperamos colaborar”, “si necesitas algo, avisa”. Otros fueron cortos y secos: “No es buen momento”, “cuídate”.
Hubo un par de números que no reconocía: antiguos colegas de su madre que habían sido cercanos, ahora in