CAPÍTULO 301. El costo de seguir.
CAPÍTULO 301
El costo de seguir.
La noche cayó con una lluvia fina, la clase de lluvia que no empapa de golpe sino que cala en la ropa y en los nervios. En el penthouse las luces estaban bajas; algunos trabajaban en pantallas, otros intentaban leer algo que no fuera el pulso de la ciudad.
Había una cansancio explícito y otro que no se decía: el cansancio de saber que cada paso adelante obligaba a pagar algo atrás.
Las primeras advertencias llegaron como pequeños fósforos que alguien arrojaba para ver hacia dónde corría el humo. No eran amenazas directas, no eran ultimátums con voz conocida.
Las amenazas que realmente asustan son las que se esconden detrás de cortesías, las que vienen en forma de consejos, de llamadas a horas raras, de correos sin remitente que contienen solo una frase concisa: «Cuidado con lo que persigues».
Valeria fue la primera en mostrarlas en público: un mensaje cifrado recibido por un periodista amigo que ya no quiso publicar, un sobre blanco dejado en un buzó