—¡Raffael, ven a la oficina de papá ahora mismo! —ordenó Antonio con firmeza a su hijo menor justo cuando acababan de llegar a la empresa.
Raffael ya podía imaginar de qué se trataría la conversación. Seguro que era sobre lo que ocurrió en la villa.
Sin decir una sola palabra, siguió los pasos de su padre.
Al llegar a la oficina de Antonio, Raffael se dejó caer en el sofá con desgano y evidente fastidio.
En realidad, no tenía intención de ir a la oficina ese día. Pero Lyra le había pedido que s