Asya salió del estudio del alfa al menos una hora más tarde y estaba pálida. Tanto que sus ojos nublados casi parecían brillar. A su lado y caminando aguantándola del brazo se encontraba su hermana. Esta no parecía estar en mejor condición. Más bien, las dos podían estar juntas, pero estar junto al alfa las había drenado por completo, y Sarya no podía dejar de pensar que desde el momento en que los guardias se habían aparecido en la puerta de su casa, agarrado de los brazos sin dejarle protesta