Galattea miró a lo lejos desde la ventana de su estudio. En esa dirección se habían ido desde hacía una hora, Ilayen, con los lobos que lo seguían y su compañero Feith que los llevaría a salvo hasta la manada donde se quedarían de momento. Su rostro serio no mostró emoción, más bien estaba sumida en sus pensamientos, tanto que no escuchó la puerta de su estudio abrirse.
Solo fue consciente de la presencia de alguien más cuando su nuca fue lamida por detrás y el calor de un cuerpo familiar se pe