Ilayen sentía su corazón palpitar en su pecho y esta vez no era debido al hecho que estuviese reaccionando a su mate, sino porque estaba nervioso. Ver aquella arma afilada junto a ella, porque si, no era una espada normal, era una que había estado por años en la manada, pasando de generación en generación, tan afilada que dolía solo de verla. Un paso en falso y la sangre correría y la herida estaría tan finamente hecha que sería complicado para un lobo curarla rápidamente pudiendo provocar una