Tensión era lo que se sentía en aquella oficina. El olor a sangre joven que goteaba de la sien de Ilayen, era opacada por las gruesas feromonas del alfa delante de este que apretaba su cuello a más no poder. Los dedos se enterraban en su piel y la punta de sus garras abrían huecos en esta.
-Alfa- Susen estaba pálida, con los ojos llorosos, pero no se atrevía a acercarse sobre todo por el miedo que la atacaba.
Ilayen se mantuvo firme, y podía ver como las venas del rostro de su padre se iban mar