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Seth entró corriendo a la habitación del príncipe que tenía el ceño fruncido sentado delante de su escritorio lleno de papeles.

-Alteza, el alfa lo mandó a buscar. Tal parece que no es algo bueno- jadeó deteniéndose delante de él.

Ilayen gruñó. Acaso aquella esclava lo había delatado. Además. Ver a su padre ahora, en su estado actual no era nada bueno. Decir que estaba molesto era quedarse corto. Seguramente él tendría aún encima el olor de su mate y tendría que usar toda su fuerza de voluntad
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