Mundo ficciónIniciar sesiónEl carruaje avanzaba lentamente entre calles empedradas y oscuras. A cada esquina, las linternas de los soldados arrojaban destellos de luz sobre los uniformes y los rostros tensos. Bruselas parecía contener el aliento: la víspera de algo inmenso, incierto.
Eleanor miró por la ventanilla. Vio a una madre cerrando con prisa las contraventanas, a un grupo de oficiales ingleses encendiendo cigarrillos bajo la lluvia fina, a un violinista callejero que seguía tocando pese al viento.
El mundo está esperando su sentencia, pensó.Dentro del carruaje, el perfume de su vestido y el papel doblado contra su pecho se mezclaban en una sola fragancia: memoria y mied







