Mundo ficciónIniciar sesiónLa lluvia cesó al fin.
Sobre los campos de Waterloo, el silencio cayó como un manto pesado. Solo el retumbar distante de los cañones y los gritos de los heridos recordaban que, hacía apenas unos instantes, el mundo había estado ardiendo.Eleanor sostenía aún a Gabriel entre sus brazos. La espada que había atravesado a Ashford yacía a unos pasos, hundida en el barro.
El inglés —su sombra, su verdugo— yacía inmóvil, el rostro vuelto hacia un cielo que ya no lo miraba.Los prusianos avanzaban entre la bruma, trompetas alzadas, banderas destrozadas por







