Mundo ficciónIniciar sesiónBruselas despertó con un sonido distinto al de los días apacibles: el rumor de cascos y ruedas, un temblor en las calles que anunciaba lo inevitable.
La guerra había llegado.Desde la ventana de la pequeña casa en el barrio de Saint-Géry, Eleanor observaba el caos con una mezcla de incredulidad y determinación. Durante tres meses, aquel rincón había sido su refugio —un hogar improbable, donde los tres habían aprendido a vivir sin mirar por encima del hombro.
Clara cosía junto al fuego, Gabriel salía cada mañana con la discreción de un comerciante cualquiera, y ella escribía cartas que nunca enviaba, respirando por fin un aire sin miedo.Hasta esa madrugada.







